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lunes, abril 27, 2009


¡Sorpresa general tuve cuando supe que el reconocido el filósofo español era amantes de los carreras de caballos!

"Las carreras de caballos tienen ingredientes naturales y azarosos. Hay cosas previsibles: los caballos son hijos de otros, la genealogía, el pedigrí, las actuaciones te permiten saber si tienen capacidades o no. Pero una carrera siempre es imprevisible, porque el mejor caballo puede encontrarse encerrado y no llega, y a veces un mal caballo está con el día de suerte. No es algo totalmente irracional como una ruleta, uno puede estadísticamente acertar más. Pero en cada carrera nunca estás seguro de nada, por eso se habla de “la gloriosa incertidumbre del turf".

El filósofo español habla de su otra gran pasión: las carreras de caballos.

Fernando Savater narra una de sus mayores pasiones. Confiesa que le encanta el ambiente nada filosófico de las carreras de caballos, deporte que el autor de Etica para Amador adora al extremo de viajar a distintos rincones del planeta para ver a los "burros" de sus amores. "No voy a decir dónde ni cómo porque no sería caballeresco -apunta-, pero sí puedo contar que una vez no fui a la entrega de un premio que se me otorgaba, por cierto suculento en cuanto a la cantidad de dinero, porque coincidía con un derby en Newmarket, Inglaterra. Debe de haber sido la mayor barbaridad que he hecho por una carrera, o al menos la peor que estoy dispuesto a confesar" .
“Una amiga mía tiene un haras cerca de Buenos Aires y le puso a uno de sus caballos Savater”, cuenta". ¿Es un ganador? “Hombre, no le fue tan mal, ganó tres o cuatro carreras”, dice y se ríe a carcajadas. "Hombre, el caballo es un lujo... Yo podría comprarme uno pero sería de tres patas (risas). Para alguien que vio correr los mejores caballos del siglo XX, sería humillante tener que conformarse con un pingo detestable". Savater, que se precia de tener la mejor biblioteca privada sobre caballos en Europa, plantea que lo más interesante de una carrera es la incertidumbre que genera.

Turfista experto y refinado, Savater reconoce que todas las semanas le llegan a su casa resúmenes en video de las principales carreras que se llevaron a cabo por esos días en los hipódromos del mundo, y hasta admite que, cuando se compra camisas, suele elegir las que tienen caballos en el estampado de la tela. "El turf es una afición romántica; tiene más que ver con el amor al caballo que con el impulso de jugar por jugar -comenta-. Yo traigo esto desde niño. Para otros, es anormal o exagerado, pero para mí es algo habitual.Mi madre era la que me compraba los libros, pero el único momento en el que estaba solo con mi padre era cuando íbamos al hipódromo, pues era un gran aficionado a los caballos.Tengo 65 años, así que puedo confesar que he visto muchos caballos en mi vida. No sólo es mi deporte favorito sino mi mayor pasión fuera de la lectura".

Acostumbrado a observar las penurias humanas y reflexionar sobre ellas, ¿le habrá llegado la hora de proponer al caballo como una alternativa posible a la especie que contamina el planeta, hace guerras por todos lados y se embarca en carreras armamentistas? "Ya me gustaría, pero no. El caballo no es ni bueno ni malo, como podemos serlo nosotros. Pero es noble. Eso, no pocas veces, ya es bastante".
Dato curiosos:Fernando Savater se dio el gusto de escribir por primera vez una novela sobre el mundo hípico, La hermandad de la buena suerte, con la que ganó el Premio Planeta 2008.

Fuente: La Nacion